La reina de Ohio

Cassie Chadwick era una persona peculiar, para empezar porque no se llamaba Cassie. Nació Elisabeth Bigley, nació en Eastwood, Canadá, y nació granjera, y ninguna de las tres cosas le gustaba.

Según cuentan de pequeña era especialmente ‘creativa’ y proclive a las ‘mentirijillas’, aunque claro, la cosa se puso un poco más seria cuando a los 14 años se inventó un tío en Inglaterra y una carta de este que hablaba de una herencia llegada de ultramar. Con ese documento consiguió abrirse una cuenta en un banco de Ontario, a 50 kilómetros de su localidad natal. Poco después fue arrestada por los cheques sin valor con los que había cerrado operaciones con varios comerciantes de la zona y puesta en libertad por su corta edad. La idea que llevaría a nuestra amiga a la fama ya estaba sembrada, sólo que en pequeñito.

Cuando volvió a su pueblo y se enteró de que una de sus hermanas se había casado con un carpintero de Cleveland, Ohio, no dudó en subirse al tren y plantarse allí. 500 kilómetros y una frontera no eran un obstáculo suficiente para las ansias de libertad de ‘Betsy’, como se llamaba en ese momento.

En los años sucesivos volcó su espíritu creativo-delictivo en el desarrollo de una identidad que podríamos definir como de mujer con clase, de pasado turbulento y con ciertas dotes místicas y adivinatorias. Así, fue Madame Lydia DeVere o Madame Marie LaRose, con pequeños lapsos de tiempo en los que adoptaba el apellido del marido de turno, casi siempre un médico, al que por supuesto sacaba la mayor tajada económica que podía.

El tercero de la serie fue el doctor Leroy Chadwick, con el que se casó y con el que residía en la avenida Euclid Cleveland, conocida en la época como ‘La fila de los millonarios’ en una ciudad cuyo enclave la convertía en una de las punteras de todo EEUU. Pero para Cassie esto no era suficiente.

Cassie y su presunto ‘papi’, el magnate Andrew Carnegie.
Titular del NY Times del 11 de diciembre de 1904.

En 1902 un viaje de Cassie a Nueva York fue el pistoletazo de salida de un fraude histórico. De allí volvió a Cleveland con un supuesto pagaré de 2 millones de dólares firmado por el mismísimo Andrew Carnagie, magnate del acero, uno de los hombres más ricos del momento

La inventiva de nuestra protagonista engendró una historia, que ella era una hija ilegítima de Carnegie, que germinó gracias a la moral de la época. A nadie le dio por preguntar al propio Carnegie. Así, en los siguientes ocho años la Sra. Chadwick consiguió engañar a múltiples bancos de Ohio y de la costa este, y llenó su vida de lujo, joyas y pieles, hasta el punto de que empezó a ser conocida como ‘La reina de Ohio’. En 1904 se descubrió el pastel gracias a las sospechas de un banquero de Massachusetts. Una de las noticias de portada del New York Times del 11 de diciembre de ese mismo año habla del tamaño del fraude de la Sra. Chadwick, 19 millones de dólares, una cifra que ponemos mejor en contexto al saber que una de las entidades que se fió de su historia y le prestó 800.000, el Citizen’s National Bank of Oberlin, quebró debido a esa operación.

La historia terminó en un juicio, al que asistió el Sr. Carnegie para recordar a los presentes que en su vida había firmado un pagaré, y en la cárcel, en la que Cassie murió el mismo día que soplaba las velas de su 50 cumpleaños.

 


Este artículo pertenece al hilo ‘Los 12 mayores fraudes de la historia’ a través del cual estamos viajando durante 2018.

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Autor del artículo
Pedro Sanchez Gaspar
Periodista. DirCom de Detectys.

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