El que se hizo el muerto

«Lo único que quiero es enterrar su cuerpo. Me permitiría seguir adelante». Fue una de las frases que Anne Darwin pronunció ante los medios cuando le tocó hacer el papel de viuda.  Uno nunca sabe cómo llega a estas cosas. Como suele decirse, se lía uno. Empiezas a gastar. A tirar de tarjetas de crédito. Hasta que la deuda te ahoga y terminas por fingir tu muerte a cambio de 250.000 libras esterlinas.

El mes de abril lo dedicamos a John Darwin, un británico que obtuvo la fama mundial con un poquito de audacia y muchísima cara dura. A pesar de que sus méritos no sean comparables a los que hemos repasado en el primer trimestre de este año, a día de hoy la atención mediática hace la mitad del trabajo y John, ingenuo a la par que avispado, sueña con que su historia dé el salto a la gran pantalla.

El plan estaba claro y salió perfecto. El 21 de marzo de 2002, como quien no pudiera esperar más para celebrar la llegada de la primavera, John cogió su canoa y se internó en el Mar del Norte. Pasado un rato lo recogió su mujer y se lo llevó a casa, pero cuando no apareció en el trabajo, fue dado por desaparecido y, después, muerto.

Mientras él permanecía en una buhardilla colindante a su casa al más puro estilo Flores en el ático. Su esposa, Anne, tiraba flores al mar y se lamentaba por no poder enterrar a su esposo. John pasaba los días escondido y por las noches regresaba con Anne. Incluso, con el tiempo, se aventuró a dar algún paseíto por la playa, medio disfrazado y con un aspecto algo dejado.

Sin embargo, pasaron un par de años y el plan dejó de ser idílico. Sí, las deudas se habían saldado y habían ganado dinero, pero John, que antes de estar muerto trabajaba en la cárcel, tenía ansias de libertad. Cuando el encierro se volvió insoportable, se hizo con un pasaporte falso y emprendió con su mujer el camino a Panamá, donde compraron una propiedad que pensaban convertir en eco-resort. Ojo, que ser estafador no está reñido con tener conciencia ambiental.

Si en este punto piensas que hacerse pasar por muerto es cosa fácil, te adelanto que no. Al final, el estado te da la vara con los papeles. Cuando John ya no sabía por dónde salir, decidió volver a entrar en el mundo de los vivos y se presentó en una comisaría de su pueblo diciendo que no sabía nada de los últimos cinco años.

La mujer fingió la alegría más grande del mundo. Sus hijos, inconscientes del engaño, se alegraron de verdad. La policía investigó… y encontró una fotografía de la pareja posando en Panamá.

Así acaba la historia de John y Anne. En la cárcel. Después, ella se cansó de los medios y de él. Él buscó mujer por internet y se casó. Sus hijos… Quién sabe si consiguieron perdonarlos.

Autor del artículo
Ángela Farfán de los Godos

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