Detectives y televisión: riesgos innecesarios

Creo que todos somos conscientes de que la telebasura ha aumentado considerablemente. Los realitys han adquirido un papel relevante, incluso algunas televisiones han decidido llenar su parrilla de arriba abajo con este tipo de oferta. Es una opción.

Seguramente éste sea el caso más extremo, pero parece que la mayor parte de los programas, los denominados magacines (sobre todo matinales), programas de “investigación” o incluso, informativos, han ido adoptando una concepción cada vez más cercana al reality.

Dentro de este contexto, muchos periodistas y productores contactan con Detectives Privados, y siempre insisten en que es necesario un documento gráfico, REAL, que apoye la información, llegando a convencerles para que aporten las imágenes obtenidas en el desarrollo de sus investigaciones.

Personalmente, pienso que las apariciones televisivas, en general, son buenas, una oportunidad para exponer nuestros servicios de una manera cercana a muchos televidentes, que desconocen cómo actuar y dónde acudir, es una forma de publicidad, personal y colectiva. Pero todo tiene un límite y debemos ser los propios profesionales los que lo marquemos. Hay asuntos que traspasan la barrera entre la información y el morbo, el retorcimiento y hasta el mal gusto.

Y si dejamos a un lado la cuestión estética podemos entrar en las consecuencias tremendamente desagradables que pueden recaer sobre los compañeros que acceden a estas peticiones. Estos Detectives no son conscientes del riesgo innecesario que asumen. Parece que las circunstancias propias de cada una de las investigaciones –conducciones, en ocasiones, arriesgadas, acceso a lugares no demasiado recomendables, etc.- no son suficientes y necesitan un lance superior.

 

No tienen en cuenta la Ley de Seguridad Privada, que impide esta cesión y publicidad, pues olvidan quién es el propietario real de las mismas; omiten también la Ley Orgánica de Protección de Datos, cuyo incumplimiento puede tener como consecuencia cuantiosas sanciones.La cesión puede suponer sanciones de la AEPD

No es el primer caso de Detectives sentados en el banquillo por esta negligencia y, aún así, no son pocos los que acceden a las peticiones de periodistas. Fomentan esa telebasura, basada en el morbo, sin percatarse de todo el perjuicio que recae sobre un colectivo que, por esas apariciones, pierde el prestigio que día a día gana en los tribunales, con las aportaciones de sus informes, fruto de las investigaciones realizadas.

Además, muchos de estos Detectives que ceden las imágenes suelen describir hasta el extremo la forma de obtención de información para resolver sus casos y muestran todos y cada uno de los instrumentos técnicos utilizados. ¿Para qué? Lo desconozco, lo que sí puedo asegurar es que eso no hace más que alertar al infractor, que se encuentra mucho más observador y cuidadoso, sabiendo las precauciones que debe tener en cuenta, pues alguien se las explica en la televisión.

No es necesario exponer públicamente los entresijos de una investigación para obtener un reconocimiento. Como Detectives Privados no hemos de estar ocultos, pero sí discretos, y esa sagacidad, mesura y moderación hemos de llevarla hasta las últimas consecuencias, por el bien de una profesión.

Autor del artículo
Eva Grueso
Presidenta de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España APDPE

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